20 agosto 2017

EN DEFENSA DE WENGER

Por Leandro Baschar - @lbaschar

Arsene Wenger llegó al Arsenal como un desconocido y se quedó más de 20 temporadas en las que imprimió una filosofía particular y logró varios títulos. Pese a eso, nunca estuvo exento de la crítica, que aumentó en los últimos años a tal punto que hoy muchos piden que se vaya. Aliko Dangote, millonario nigeriano, anunció que pretende comprar el club y echar al francés. Este texto es una reivindicación tan romántica como necesaria.




Stoke City 1 – Arsenal 0. Tan solo un par de días después de que un millonario africano se animara a decir que está dispuesto a comprar las acciones del equipo de Londres, los de Wenger sufren una derrota de esas que nos tienen acostumbrados desde hace una década. Sin embargo, a diferencia de temporadas pasadas, sucedió en la segunda fecha, y no durante los meses de enero y febrero, donde generalmente por plantilla corta, lesiones y triple competencia, se suele tirar la Premier por la borda.

Repetir #WengerOut o reducir el análisis a un mero conteo de títulos sería una falta de respeto. No solo para con Arsene, sino para con el fútbol en general.  Es que en épocas de pensamiento binario y dicotómico, producto muchas veces de la inmediatez de las redes sociales, cuesta frenar, pensar de dónde se viene y hacia dónde se va.

Los Gunners de Le Professeur


Quizás todo haya comenzado cuando ni siquiera el propio Wenger lo sabía. Cuando Nick Hornby escribía su famoso “Fiebre en las gradas”, y el juego del Arsenal era más parecido al que aquí cerca tenemos en Sarandí, que al que hoy vemos allá lejos en el moderno Emirates. Por eso, analizar la capacidad o el Proyecto encarnado por el francés solo en base a resultados, sería no entender absolutamente nada de lo que era el "Boring, Boring, Arsenal", lejos y hace tiempo, cuando lo fueron a buscar, no solo para reinventar un Club, sino una Filosofía.

En este punto hacemos un alto. Pensar qué eran, y hacia donde fueron los Gunners, con un ministro plenipotenciario sentado en el banco.

Un cambio de paradigma tal, tuvo que ser una decisión de arriba hacia abajo, y en cada área del Club. Sistema, formas y líneas de conducta que parecen también vinieron a darle un salto de calidad no solo a un equipo, sino al fútbol inglés en su totalidad. Es que desde la Tragedia de Heysel había entrado en un pozo, un terreno fangoso difícil de salir, pero que mirado en retrospectiva tuvo su lado “bueno” en cuanto a la profesionalización del producto. Sí, en tiempos de fútbol negocio el Arsenal y Wenger hoy en día son contrasistémicos, pero paradójicamente cimentaron las bases de cómo el fútbol inglés quería ser visto en el resto del mundo. Una estética que nada tenía que ver con lo que siempre fueron: garra, coraje y centros al 9 de turno, que luego de hacer dos goles en un clásico terminaría celebrando en algún pub de Liverpool, Manchester o Londres.

Volviendo; un equipo es una idea. Ser entrenador se trata, entre otras cosas, de eso, de darle forma y contenido a una idea. Wenger es una de esas personas que marcan, y que hacen que algo que te gusta, te guste aún más. Pero si no se lo conoce, todo se reduce a un “meme” o a preguntarse “¿Otra vez le renovaron?”. 

La temporada pasada padeció una de las más difíciles de su carrera. #WengerIn ó #WengerOut era la cuestión. Un 10 a 2 lapidario vs el Bayern, parecía un final de terror para una novela que empezó hace más de 20 años. 

A los casi 70, cuando el barco que construyó durante tantos años parecía total y absolutamente a la deriva, cambió. Puso 3 defensores, mandó a Ox a la banda, puso a Welbeck de 9. Le ganó al City de los Jeques árabes y Guardiola, y al Chelsea de Abramovich campeón de la Premier. Los convenció, pese a todas las dudas, los memes, y los desmemoriados. Fueron, y ganaron. 

Hace quince días volvieron a ganarle al Chelsea, esta vez por penales. Títulos menores dirán, los mismos que si esos títulos los ganasen DTs de su agrado los ensalzarían.

Otros no se cansan de abrir falsas discusiones que parten de premisas erróneas. Porque Wenger no ganó ni un título internacional con Arsenal. Pero jugó más Champions Leagues que todas las que había disputado el Club en su historia, que a nivel internacional tiene tan solo una final de UCL, sí, bajo el mando del francés. 

Tampoco se entiende que en esa larga sequía de años sin títulos, rearmó una plantilla vendiendo más de lo que compraba durante muchos años, mientras se renovaba todo un Estadio. Y que pese a ello, tampoco perdió competitivdad: pudo haber eliminado al mejor Barcelona. Ese mismo blaugrana que fue un reflejo de lo que habían sido los Invencibles, en años donde el fútbol inglés aún no era lo masivo que es hoy. Henry, Hleb, Song, Vermaelen, Fabregas, y antes Overmars, Gio Van Bronckhorst y Petit, nutrieron las filas de un equipo que veía reflejado lo que quería, en la Gran Bretaña. 

Quienes nunca se interroguen por este señor, se perderán de disfrutar un fútbol trabajado, en pos de la búsqueda del arco rival. Recepción, control y pase. Lehmann; Lauren, Campbell, Touré y Cole; Vieira, Silva, Ljungberg, Pires; Bergkamp y Henry, encarnaron toda la idea en un campo de juego. Defensa férrea, laterales con proyección, mediocampo de buen pie y dos delanteros letales. Un equipo formado, pensado y trabajado por Arsene. Porque, por decir alguno, a Henry lo trajo de la Juventus cuando llevaba 3 goles en los últimos seis meses. Otros directamente fueron productos del scout. Otros venían de ligas menores, y eran toda una apuesta.

Así logró un hito para toda la historia de Inglaterra, igualado únicamente por otro equipo, antes del 1900. En aproximadamente 130 años apenas dos Clubes lograron campeonar invictos, y solo los de Wenger en una Liga de 38 fechas. También dio la vuelta en Old Trafford, para desterrar mitos.

Ahora, luego del tiempo de la “economía de guerra”, Wenger tiene que volver a armar; sin que el mundo de los millones le desarme lo que puede edificar. Porque a Alexis lo compró por 37, pero ahora le ofrecen 78. Porque cuesta pujar por Mbappe cuando está el Real Madrid de por medio o el mismo PSG, que no se cansa. 

En un mundo donde la realidad te pasa por arriba, otra utopía de “El Profesor” fue la del juego limpio financiero. No pagar lo que no se tiene debidamente registrado, o no se puede. Nunca sucedió, ni sucederá en el futuro inmediato.

"Arsene Who?"


Se preguntaban los diarios cuando llegó. Un ignoto que se transformó en una marca registrada, no solo él, sino su equipo.  No hay que dar por acabado a un tipo que tiene las mismas ganas del primer día. Y si no es en los Gunners, seguirá dirigiendo y, sobre todo, formando en otro lado.

Arsene Wenger en sus 20 años al mando del Arsenal atravesó vidas: de hinchas, jugadores, rivales. Y sin dudas, antes de irse, busca dejar bases. Sí, esas que ni el mismísimo Ferguson pudo dejar en Manchester. Al mismo tiempo, su Arsenal pasó a ser un ritual necesario cada sábado a 12 mil kilómetros de distancia, que consiste en ver -desde tiempos en que todo era precario y la Premier no tenía la difusión de hoy- a un equipo que juega el fútbol y respeta una idea.

Desde los Invencibles hasta la sequía de casi una década. Todo eso pasó en el medio. 

Sin detenernos en resultados, he aquí un reconocimiento para el Señor cuyos equipos hacen madrugar, como si uno estuviese ahí, viviendo los 90 mejores minutos de fútbol de la semana, y regalando goles como el de Bergkamp al Newclaste; un gol que representa un estilo, una forma. Goles hay muchos, todos valen "uno". La gran mayoría son olvidados, salvo que sean en una final o clásico. Solo algunos pocos marcados en un partido común tienen el privilegio de quedar en el replay eterno de nuestras mentes.

Que dure lo que tenga que durar, que 20 años no son nada quizás, que el legado será eterno. Arsene, gracias por intentarlo. Gracias por las emociones, que al final, son lo único que queda.

19 agosto 2017

EL PROYECTO SOSO

Gimnasia arranca un nuevo campeonato con Mariano Soso, un entrenador hasta ahora desconocido, elegido para un proyecto a largo plazo que quiere plasmar una idea de juego bielsista: posesión, dinamismo en la transición y ataque.


Soso y Fito Rinaudo. Las claves del futuro de Gimnasia.


Luego de la renuncia de Gustavo Alfaro como entrenador de Gimnasia, el club se tomó un largo tiempo para pensar su reemplazante. Semanas después Roberto Depetri, mánager del club, anunció a Mariano Soso como el nuevo director técnico del club; un nombre prácticamente desconocido a nivel nacional, que venía de ser campeón con Sporting Cristal de Perú; su segunda experiencia como entrenador tras dirigir a Real Garcilaso, también peruano. Antes, estuvo diez años como asistente técnico de Claudio Vivas, Hernán Lisi y Daniel Ahmed.

El hombre se declaró Bielsista, y luego de un par de declaraciones astutas, encendió la ilusión en más de un hincha tripero. Ya el faro "Bielsa" es todo un símbolo en el fútbol de hoy: muchos técnicos y ex jugadores se identifican con el técnico rosarino, que embandera una filosofía de ética, ataque y fútbol espectáculo; de potenciar juveniles y forjar carácter. Aunque muchos consideran a Bielsa un fracasado -sobre todo por la eliminación en Corea Japón 2002-, son varios los proyectos exitosos de él y sus discípulos en los últimos años: sus Chile y Athletic Bilbao, Tottenham de Mauricio Pochettino, Chile y Sevilla de Jorge Sampaoli -hoy en la selección-, Defensa y Justicia de Sebastián Becaccece -hoy junto a Sampaoli-, Paraguay y Newell's de Gerardo Martino, Argentinos Juniors de Gabriel Heinze, y la lista sigue, entendiendo que "éxito" no es sólo lograr títulos, sino cumplir los objetivos, teniendo en cuenta los contextos de los equipos.

Además de su referente, antecedentes y declaraciones, Soso aumentó la expectativa al mirar las inferiores y buscar entre los juveniles refuerzos para el primer equipo. De lo que vio, le gustaron Melluso, Bolívar, Ortiz, Pereda, Noble, Chávez y un par de nombres que si bien no figuraron en los amistosos de pretemporada están en el radar del técnico.

El primer inconveniente que tuvo fue la limpieza de dos referentes del club: Sebastián Romero y Lucas Lobos. Este grave desacierto -a mi criterio- de la comisión directiva fue pésimamente comunicado al jugador y a los hinchas, que entendieron al DT como el responsable, y reclamaron para que los mantenga en el plantel. Por supuesto, ningún técnico debe estar por sobre el club, y aún menos uno desconocido. Sin embargo después trascendió que Mariano Soso nada tuvo que ver en la decisión de dejarlos en libertad, por más que había anunciado que no los tendría en cuenta en lo futbolístico, algo totalmente válido.

El paso del tiempo, la aclaración por parte de la CD y el comienzo de la pretemporada aplacaron un poco el enojo con el entrenador, que se dispuso a encarar los trabajos con métodos que confirman su bielsismo: juego por abajo, explosión y mucho movimiento; y luego los amistosos, donde se planteó un fútbol de posesión y transiciones rápidas, con mucha participación de los exteriores. Más allá de los resultados -ninguno negativo-, se vio claramente lo que pretende el técnico en cuanto a juego: la búsqueda y el plasmado de una idea de juego que tenga al equipo como protagonista, en contraposición a la apatía y el repliegue mostrados en el último semestre de Troglio y el ciclo de Gustavo Alfaro. Con Pedro, Gimnasia tenía una idea que se fue desgastando; un rendimiento de menor a mayor, de presión y contragolpe. Con Gustavo, ni la racha de triunfos en el comienzo del año convencía al hincha, que siempre estuvo preocupado por la forma de juego extremadamente defensiva. Cuando la racha de triunfos se convirtió en derrotas, nada sostuvo lo propuesto por Alfaro, que renunció.

Los desafíos


El hincha de Gimnasia tiene un reclamo claro: que el equipo ataque y contagie entusiasmo. Como -idealmente- los equipos de Griguol. También los de Gregorio Pérez, y más acá en el tiempo como los de Troglio en 2005, 2013 y 2014. Otro pedido es potenciar juveniles para venderlos a futuro. Y una deuda que, quitando el 3-1 de 2010, cumple una década: ganar el clásico.

Soso deberá lograr que su idea y proyecto se plasmen en la cancha. Por el momento lo ha logrado, pero en amistosos. Y la historia fresca dice que ir bien en los amistosos no garantiza lo mismo en el campeonato: Cappa y Cocca tuvieron un buen rendimiento y juego en la pretemporada, pero después no mostraron lo mismo por los puntos.

"Ya hicieron dos goles iguales, va a ser fácil ganarles" señaló un usuario de Twitter, como comentario del empate amistoso con Defensa y Justicia. La crítica no me pareció del todo acertada pero sí justa; el gol de Gimnasia era de una jugada similar a la de los partidos anteriores: centro de Bonifacio, cabezazo de Ibañez -que metió 6 goles en toda la pretemporada-. Justamente, una de las principales críticas al bielsismo, que el propio entrenador reconoció y yo también he realizado hace un par de años: su falta de flexibilidad. Bielsa repite su esquema de tal forma que luego de un tiempo no sorprende al rival, entonces, cuando los contrincantes aprenden a contrarrestar su estilo lo vencen.

¿Podrá el entrenador de Gimnasia ejecutar la idea que propone sin caer en la repetición de la misma al punto de ser predecible por el rival? ¿logrará la flexibilidad que Bielsa le elogió recientemente a Sampaoli? Es una de las claves para el desarrollo del equipo en el campeonato y principalmente en los clásicos: se sabe que en Estudiantes es obligación conocer cómo juega el rival. Sin sorpresas, el Lobo tendría menos chances de triunfar.

Por último, otro escollo que se le puede presentar al cuerpo técnico es la complicación de la situación económica que hoy es estable y hasta positiva, pero con el concurso de acreedores activo. La deuda se redujo casi un 50% (falta la confirmación que llegará en Septiembre), pero aún así el pasivo es de 89 millones de pesos. Una suma importante que el club deberá saldar sí o sí mes a mes para no caer en la quiebra. Esto, claro está, es tarea de la Comisión Directiva, pero puede afectar a Soso si él o el plantel tienen atrasos en los pagos o falta de recursos para encarar los trabajos, algo que hasta el momento no sucedió.

Todo por sumar

Una ventaja para el DT es el contexto en el que llegó al club: renovación de la Comisión Directiva, y renovación del plantel. Alfaro había sido contratado por Onofri y sostenido por Pellegrino -aunque no era de su gusto-. Soso es el elegido por esta comisión, que además decidió realizar una limpieza del plantel y se desprendió de más de diez jugadores: nombres de peso como los ya mencionados Sebastián "Chirola" Romero -vuelvo a insistir, un error grosero- y Lucas Lobos, otros que ya habían cumplido un ciclo, sin poder destacar y con contratos altos: Pablo Vegetti encabeza la lista a la que se suman Daniel Imperiale, Darío Botinelli, Sebastián Gorga, Mauro Matos, Mauricio Romero, Ramiro Carrera, Jorge Valdez Chamorro, Javier Mendoza y los -ya no tan- juveniles que nunca explotaron: Kevin Ceceri, Dardo Miloc, Horacio Tijanovich, Juan Pablo Pocholo, Diego Nikolaievsky e Ignacio Jáuregui.

Después de la escoba, y por el tope que la AFA le impuso a Gimnasia y los clubes que le deben plata, se sumaron pocos jugadores: Nicolás Colazo -volante externo- y Omar Alderete -defensor central-, junto a otros dos jugadores en negociación ¿Nicolás Dibble? ¿Gonzalo Maroni? ¿un tapado?, todos con la aprobación del DT. El resto de los refuerzos son los juveniles que sumará Soso para tener variantes y suplentes, una noticia celebrada por los hinchas.

En lo futbolístico, la vara quedó baja: Alfaro no consiguió pasar la primera ronda de la Copa Sudamericana, perdió el último clásico y empató los otros dos, y aunque dejó al equipo con chances de entrar a la Sudamericana, finalmente el interinato de la dupla Merlini-Messera no consiguió la clasificación.

Este escenario parece ideal para que Mariano arranque con su proyecto: cuenta con un promedio sólido para trabajar tranquilo sin la presión del descenso, y no le debería ser difícil igualar e incluso superar el rendimiento del equipo las temporadas anteriores. El piso es 25 puntos en 19 fechas (desde que volvió a primera sacó 26 en el Inicial 2013, 31 en el Final 2014 y 24 en el de Transición 2014), o de 40 en 30 (consiguió 44 en 2015 y 43 el último torneo), y eso para continuar sin pensar en el descenso.

Si demuestra la misma intención de protagonismo que en los amistosos, y si la idea que los mismos jugadores declararon que el DT busca inculcar se plasma con resultados para estar sobre la mitad de tabla, Soso tendrá la aprobación del hincha. Y si consigue un triunfo en la Fecha 15, el entrenador tendrá crédito para todo el campeonato. La tranquilidad con la que Mariano comienza su ciclo debe ser envidiada por muchos colegas.

Mariano Soso dialogando con Marcelo Ramos. Coordinación entre Primera e inferiores.

Alcanzar el potencial

El hincha está expectante, se generó la ilusión de siempre cuando arranca un torneo y más: cree en Soso y su proyecto, aunque mira de reojo a la Comisión Directiva por haber rescindido a Chirola -muchos no lo perdonarán- y mantenido a Lucas Licht y Facundo Oreja, últimamente cuestionados por su alto sueldo y bajo rendimiento. El primero sigue como titular, el segundo es suplente para el entrenador, que prefiere a Ezequiel Bonifacio.

Mariano Soso deberá mostrar que puede alcanzar el potencial que tiene. Cuenta con buenos recursos, las inferiores tienen un buen trabajo -gracias en gran parte a Marcelo Ramos, con quien Soso tiene diálogo constante-, y el apoyo de la gente.

Con eso es suficiente para que el proyecto dure, las expectativas se vuelvan realidades y Gimnasia realice un buen torneo o más, consiga la consolidación de un equipo y ventas que le inyecten dinero para salir airoso del concurso de acreedores. Ese será el objetivo: si el club logra saldar sus deudas y el equipo logra consolidar una idea de juego que lo haga protagonista, volver a ganar uno -o más- clásicos y clasificar a una competición continental, el ciclo Soso habrá sido exitoso.




17 agosto 2017

EL REY DEL OESTE


El Talp es el famoso micro lechero: va y para en todos lados. Une San Isidro con La Plata, pero atraviesa todo el conurbano oeste en un trayecto que mide 120 kilómetros y tarda 5 horas, sin lujos, sin comodidades, pero siempre al pie del cañón.




Las caras de los pasajeros que hacen fila en las plataformas se alargan mientras que el sol se esconde en San Isidro. De un galpón de chapa enorme salen los micros de la línea 338. San Isidro es su terminal, a pocas cuadras de la estación de trenes.

Las plataformas son un garage con manchas de aceite en el piso de cemento y tres columnas con carteles que dividen los recorridos: Ruta 4, Pasco y Buen Ayre. A la izquierda hay una ventanilla donde un viejo recarga la tarjeta SUBE, un kiosko donde el vendedor apenas se ve entre golosinas y comestibles, y un bar sin mesas, donde acodado en la barra podés degustar una pizza, unas papas fritas o una cerveza. Además tiene un televisor donde por ahora juega San Lorenzo.

El olor a frito del restaurante se mezcla con el aroma primaveral de los árboles y el penetrante perfume de la nafta. Un empleado de mameluco barre sin ganas un cementerio de colillas y papeles, que el viento vuelve a desparramar. Los colectivos se suceden, con distinto destino y las filas se renuevan. El 338 que me lleve a La Plata sigue sin aparecer.

—Disculpe —interrumpo a un chofer que fumaba en la puerta del bar—, ¿sabe a qué hora sale el Talp que va a La Plata?
—Sí, ahora a las nueve —después de una pausa, agrega— ¡Qué viajecito!
—¿Cinco horas no? —me resigno a un viaje largo y a llegar de madrugada
—Depende. A esta hora un poco menos, y si tomás el que va por Ruta 4 tenés como mucho tres horas, porque va directo.

El cansancio ruega por que ese sea el próximo micro, y que tenga aire acondicionado, sillón cama y servicio de catering. Diez minutos más tarde aparece en la plataforma el bendito colectivo a La Plata, por Ruta 4, y sonrío. Pago los 38 pesos que sale el boleto y busco un lugar. El cuerpo se tiene que conformar con un asiento de gomaespuma dura tapizada en un cuero negro y desgastado, rígido, sin aire ni calefacción. El reverso de los asientos tiene garabatos o leyendas del estilo “Carla te amo” o “Los Andes se la banca”. Las paredes también están dibujadas con fibrones. “Al menos voy sentado”, pienso mientras me acomodo en el fondo, cerca de la puerta. Tras una hora y media de espera, al fin estoy en camino a La Plata.

Hay dos formas de llegar desde Capital a La Plata por transporte público: el tren o el colectivo. El tren no hace el recorrido completo desde noviembre pasado, cuando prometieron electrificarlo en 90 días que ya son casi un año. El servicio provisorio es hasta Berazategui y desde allí se debe hacer un transbordo gratuito a un micro de línea hasta la ciudad.

Los colectivos más directos son el Costera y el Plaza, las opciones de los oficinistas y comerciantes que van del centro de La Plata al centro de Capital. Los asientos son cómodos y reclinables, los días fríos hay calefacción y los calurosos aire acondicionado. Los pasajeros visten camisa y pulóver, algunos traje. Las mujeres tienen maquillajes finos y perfumes caros. Suficientes comodidades para una hora y media de viaje.

El Talp no conoce de autopistas; y es el único transporte público que une el conurbano bonaerense con la Capital Provincial. En líneas generales, traza un recorrido paralelo -pero más al oeste- que la Autopista General Paz, hasta Quilmes, y de allí por camino Centenario o Belgrano hasta La Plata. Son en total 120 kilómetros de recorrido.

Entre los platenses, el Talp es la alternativa al 273 para cubrir el trayecto entre la ciudad y Gonnet, City Bell o Villa Elisa. En La Plata parte desde la sede de la empresa, en calle 71 y 17, pasa por la terminal de calle 2 y 42 y sale de la ciudad por avenida 13. En este tramo el micro suele ir repleto y vaciarse antes del Cruce de Varela. Lo mismo sucede mientras atraviesa el conurbano; se llena y se vacía por tramos.

La línea se originó como una concesión de la Dirección Provincial de Transporte en 1940. En ese entonces, el recorrido lo tomó la empresa “Costera Criolla”, y es de ahí que la gente grande aún le dice “la Costera” al Talp, mientras que los jóvenes conocen por “Costera” al micro que une la terminal de La Plata con Retiro, línea 129, y que es de la empresa “Costera Metropolitana”. Transporte Automotor La Plata (TALP), tomó el trayecto en los años '60 y lo mantiene intacto hasta el día de hoy, incluso con nuevos ramales. 


Los pasajeros del turno noche dormitan en la violácea oscuridad de las luces negras. En el fondo suena una cumbia, y el constante ritmo del wiro se mezcla con el ronronear del motor. El frío se cuela entre ventanillas que no terminan de cerrar y un olor a pata inunda el ambiente. Las paradas vacías incentivan al chofer a pisar con gusto el acelerador; los primeros kilómetros son con el micro semivacío, y por una zona de comercios cerrados.

A medida que se interna en el oeste, se llena. Como en casi todos los micros de línea, se respeta la regla general de que el fondo se llena primero, no importa cuán vacíos estén los asientos de adelante; ese lugar está reservado para mayores o discapacitados. Además, la mayoría de los que sube tiene ropa de trabajo: mamelucos, jeans y borsegos, buzos con la marca de una empresa. Nadie viste traje, y muchos cargan bolsos o mochilas.

El chofer es colectivero de raza. Pelo corto y parado con abundante gel, afeitada al ras, camisa violeta con corbata dentro del pantalón de vestir, panza de cerveza y zapatos. Al combo lo dan junto con el registro profesional e incluye unos lentes de sol, infaltables durante el día. En los tramos de descampado acelera con gusto, pero no se saltea ninguna parada.

—Yo soy piola, te paro siempre y subo a cualquiera. A veces hasta te espero. 
Adrián maneja en la empresa desde los 18 años, y ahora tiene 34. Está afiliado al sindicato y su hobbie es pelearse con taxistas, que escasean en el recorrido de Ruta 4.
—Termine la secundaria por obligación y empecé a laburar porque no quise estudiar—. Cobra un pasaje y prosigue— Hoy los pibes son muy vagos, pero es porque los padres no son estrictos. Mi viejo fue claro: o estudias o laburas, y me hice chofer. Me gusta, aunque a veces me canso, como todos.

El sueldo mínimo de un colectivero al día de hoy es alrededor de los $16.000, lo que supone un buen piso si se lo compara con otros mínimos como el de un docente secundario. Claro que transportar pasajeros supone un riesgo mayor, que se incrementa en la noche del conurbano.
—Si no te crees Schumacher no pasa nada. Tenés que ir tranquilo y llegar, punto. Los accidentes son por apuro o por distraccion, y te comés un garrón de la puta madre.

No son frecuentes los casos de accidentes en el Talp, aunque por supuesto hay registros. En La Plata un 338 protagonizó un choque triple en 2015, y en Burzaco cayó en una zanja inundada en 2014. Tampoco abundan los robos a choferes y pasajeros, pero el año pasado los colectiveros hicieron huelga luego de que balearan en la mano a un compañero en la rotonda de Alpargatas. La zona Oeste tiene fama de “picante”, pero el Talp mantiene desde hace 60 años el mismo recorrido.
—A mí por suerte nunca me pasó nada. Tenés que tener mala suerte —. Precisa Adrián—. Y mirá que es una zona jodida eh, pero a los colectivos se los respeta, saben que somos laburantes. Aunque siempre hay algún zarpado.

Por su recorrido, sus pasajeros y el estado de la flota, el 338 es una fuente inagotable de anécdotas. Un compañero una vez me contó que viajó junto a un acuchillado que iba al hospital de Gonnet. El asiento quedó empapado en sangre pero el micro siguió viaje.
—No me olvido más la vez que subí a una pareja y a las diez cuadras subió el marido de la mujer. —Adrián cuenta con una sonrisa— Tuve que parar a un costado y separarlos ¡porque se mataban acá arriba eh! Al final la pareja siguió viaje y el tipo quedó abajo. Pobre cornudo —menea la cabeza, en negación—.

También hay muchos personajes que suben con frecuencia. En La Plata, por la zona de Plaza Italia, siempre sube una señora de unos cuarenta años, con la cara arrugada y ropa harapienta que habla incoherencias sola. Sus temas de conversación son una mezcolanza de pedos, política, plata y chicos.

En Twitter, alguien creó una cuenta llamada “Experiencia Talp”, donde cuenta brevemente situaciones cotidianas que interpelan al colectivo. También hace retweet a las historias de terceros, que lo esperan hace rato, no pueden creer que viajan sentados, o descubren una familia de cucarachas viviendo entre los asientos. 

Actualmente las carrocerías para las unidades las fabrica “Italbus”, una empresa que carroza varias líneas urbanas. No siempre fue así, entre 1978 y 1985 la empresa Transporte Automotor La Plata también se dedicó a carrozar sus propios vehículos. Le compró la utilería a “Oncecar”, y estableció “Platacar”. Así comenzó a diseñar sus propios vehículos, y patentó dos modelos distintos que destacaban del resto de los colectivos. Un detalle característico era el parabrisas, que parecía estar mal encajado.


Mi viaje continúa por el centro de Hurlingham. Locales comerciales cerrados y restaurantes abiertos. Letreros poco luminosos y casas de uno o dos pisos. El Talp se escabulle por la diagonal, avenida Vergara, que me hizo acordar al camino Belgrano. Después de un par de kilómetros se convierte en la famosa Ruta 4, y pasa al lado de un gran Carrefour. 

El paisaje es un patrón que se repite. Atraviesa la zona comercial de los barrios, luego cuando se aleja un poco, aparecen las fábricas y empresas pequeñas. Abundan las distribuidoras, los mayoristas y los frigoríficos. Grandes galpones en predios enormes y poco iluminados. El Talp es el transporte de sus trabajadores y obreros. Después, algún descampado, reserva natural o campo; y otra vez zona de comercios.

La autopista del acceso oeste es el límite entre Hurlingham y Morón. La Ruta 4 continúa, y pasa por el predio del shopping Jumbo. Después abandona el camino de cintura para entrar al centro comercial de Morón, que es más grande. Las casas se convierten en edificios de departamentos, los locales son más espaciosos y hay más tráfico y peatones. Es en este punto donde el colectivo comienza a llenarse y se agotan los últimos asientos.

Una pareja que venía a los besos se baja entre Morón y La Matanza, y entran a una casona de neones llamada Horóscopo. Es uno de la seguidilla de albergues transitorios de la zona. La luz ultravioleta del micro incentiva a los fogosos. En la parada siguiente sube un travesti. El Talp atraviesa villa cariño de la zona oeste.

Al abandonar Morón, el 338 retoma la Ruta 4, transformada en doble vía y se encamina hacia San Justo. Otra vez aparece un Carrefour y un Sodimac a la orilla de la via, y más adelante, en el límite con La Matanza, hay un Walmart. Pero el supermercado más simbólico está en Cracova, unas cuadras más adelante. Allí, donde ahora se yergue un centro comercial, supo estar el Regimiento de La Tablada, donde una mañana de enero de 1989, un grupo de guerrilleros tomó a la fuerza el cuartel. Con la orden de recuperarlo, las tropas militares iniciaron un enfrentamiento que dejó 43 muertos. Las imágenes y archivos muestran cómo el barrio vio circular ese día tanques y cuadrillas del ejército, que finalmente derrotaron a las fuerzas paramilitares. Ese fue el último episodio de enfrentamientos militares en nuestro país.

Un inspector sube, acompañado por un aprendiz. Desde que se implementó la SUBE nunca había visto uno. Visten igual que siempre: camperón de la empresa, pantalón de vestir y zapatos; pero ahora tienen un aparato novedoso. En vez de pedir los boletos, el “chancho” pide la tarjeta, y la apoya a un costado de su dispositivo, que parece un posnet.
—Acá te marca un código, ¿ves? —le señala al aprendiz, que con un papel en mano revisa. —Este va hasta Varela.

El papel que el aprendiz tiene en la mano es una tabla con valores, que según entendí la explicación del inspector, indica hasta donde viaja el pasajero. Yo me pregunto cómo controlan si no hace más recorrido. En realidad, el aparato marca si el pasajero pagó o no el boleto; si no lo hizo lo hacen bajar y le corresponde multa. Pero todos los que están, pagaron. El inspector y su asistente terminan de controlar, se sientan y se suman al viaje.

A continuación, el Talp cruza la Autopista Riccieri, y atraviesa un enorme descampado donde hay una pista de aviación y un club de golf. Las casas nuevamente son bajas, y están mal iluminadas. El estado del camino es malo, tiene pozos y baches. En la parte de atrás, vamos a los saltos.

Marcos es un operario de una empresa de logística. Se sienta al lado mío, y entrecierra los ojos. Es gordo, y entra incómodo en el asiento. Tiene el pelo enrulado, sucio, y la ropa llena de manchas de aceite. Como no logra dormirse me busca charla.
—Siempre me cuesta dormir. Debe ser el miedo a pasarme de largo.
—Yo también tengo ese miedo —le confieso—. 
—Ya me pasó varias veces, es un garrón.
—¿Hasta donde vas?
—Llavallol
—Ah, cerca. Yo voy hasta La Plata —agrego.
—Una vez me quedé dormido y me desperté en La Plata. Un garrón.
—¿Y qué hiciste?
—Me pagué un hotel, ni en pedo me volvía.

Quedarse dormido en el Talp puede implicar hacer dos o tres horas más de recorrido, y tener que volver otras tres.

Después de Llavallol, la Ruta 4 hace una gran curva y enfila hacia el este, hacia Florencio Varela. Ya van dos horas y media de viaje, es casi medianoche y la marcha es intensa. El hombre de la estación tenía razón. A esta hora casi no hay necesidad de parar, y eso agiliza el recorrido.

En Florencio Varela comienza el Camino General Belgrano, y el Talp rumbea nuevamente hacia el sur. La rotonda de Alpargatas, bajo la Autopista Balbín, es el lugar donde desciende la mayoría de los pasajeros. El resto continúa, a sabiendas de que al largo viaje le queda poco recorrido.

La oscuridad absoluta es el Parque Pereyra Iraola, lugar de la academia de policía Juan Vucetich. El camino se interna entre los árboles que se convierten en quintas a partir de Villa Elisa. Una chica que viaja en el fondo y no para de charlar con una amiga sobre los problemas que tiene con el padre de su hija reconoce el lugar.
—¡Mirá, ya falta poco! Bah, poco... una hora más o menos —. Le comenta a su amiga.

El Camino Belgrano es la ruta lenta y paralela a la ruta rápida, el Camino Centenario. Sus semáforos, su único carril y la densidad del tráfico demoran, durante el día, cuarenta minutos un trayecto que a esta hora de la noche el Talp hace en veinte. Después, el micro entra a La Plata por avenida 13 hasta 44, y se dirige a la terminal, donde termina mi viaje, pero no el del micro que continuará hasta los galpones de 17 y 72.

La madrugada encuentra a la terminal semivacía. Un solo micro aguarda en las plataformas de larga distancia, y un Costera está estacionado en las plataformas interurbanas. Un puñado de personas espera en los bancos metálicos del medio, y otro par hace fila en la parada del Talp, que con frecuencia disminuída continúa circulando toda la madrugada. 

Las boleterías están cerradas, las luces de la confitería están apagadas, y el lobby silencioso. En la entrada a los baños está sentado un empleado de limpieza. Afuera, los taxistas fuman en ronda y conversan mientras aguardan algún pasajero. Es casi la una de la madrugada; el viaje duró poco más de tres horas, atravesó veintiséis barrios y localidades, cruzó tres autopistas y pasó más de diez rotondas, en poco más de 120 kilómetros. Respiro aliviado y empiezo a caminar a mi casa, con las nalgas dormidas. No me quejo, tuve suerte, hice el recorrido en tres horas, lo que de día habría tardado cinco. 

16 agosto 2017

LA FOTO DE TAPA




Casi dos semanas después de la represión de Gendarmería en el Pu Lof Mapuche de Cushamen, Santiago Maldonado sigue desaparecido. El reclamo se hizo nacional hace más de una semana, sin embargo aún no hay novedades de su paradero. Tres testigos lo ubican en el lugar, y confirman que lo llevó la Gendarmería, aunque la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich haya dicho lo contrario.

En Capital, como en todo el país, hay pintadas y carteles que piden por su aparición. Sin embargo, mandan a taparlos. ¿Metáfora, ironía o cinismo?

14 agosto 2017

UN PASO HACIA OCTUBRE

Se desarrollaron unas nuevas elecciones primarias, donde votó el 73% del padrón y presentó un claro panorama de cara a las elecciones generales de Octubre. Cambiemos y Unidad Ciudadana se disputaron el país y Buenos Aires. En Capital, arrasó el oficialismo.






El escrutinio de las PASO 2017 tuvo un desarrollo de embudo, que comenzó de forma ágil, entre el asombro y amplio triunfo de Cambiemos y finalizó con un avance a cuentagotas que se frenó faltando 5% a las cuatro de la madrugada, en un "empate técnico" entre Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner en la categoría más fuerte: Senadores de Provincia de Buenos Aires. Una vez más, el bochorno se impuso a la transparencia y dejó abierto el desenlace que se conocerá recién en 15 días, con el conteo definitivo.

Cambiemos y el triunfo nacional


El oficialismo ganó estas primarias, por la consolidación que mostró a nivel nacional. Fue, sin dudas, la primera fuerza en todo el país, y ganó 10 provincias -sin contar Buenos Aires-. Pese a un arranque de gobierno difícil para Mauricio Macri, con un fuerte conflicto social y crisis económica, pudo mantener un importante colchón de votos.

El ajuste que propició, el pésimo 2016 en materia económica y social, los índices que mostraron un aumento en la pobreza, una baja en la producción industrial, y el descontento de gran parte de la sociedad con las medidas tomadas por el ejecutivo fueron el golpe más grande a la campaña de Cambiemos, que puso a Esteban Bullrich y Graciela Ocaña como referentes en Buenos Aires, y a Elisa Carrió en Capital Federal. 

La campaña de Bullrich fue pésima. Plagada de discursos mal memorizados, expresiones muy poco afortunadas (el "más chicos presos" como logro fue la peor, en un poco feliz ranking) y ridículas (el corazón que late y dice "sí, se puede") le bajaron varios puntos a su imagen. Allí, cuando parecía una mala idea haberlo puesto de candidato, surgió la figura de María Eugenia Vidal: la verdadera gran ganadora de las PASO. La Gobernadora de la Provincia, que con muy poco mejoró la cuestionada gestión de Daniel Scioli, se puso la campaña al hombro y habló como lo debería haber hecho el candidato. Un cruce en el Prime Time de América con Brancatelli despertó el espíritu del partido que venía golpeado por los baches de Bullrich y la desaparición de Santiago Maldonado por la Gendarmería Nacional. Aunque termine en empate, o pierda por un par de puntos, el objetivo de Cambiemos se cumplirá en Buenos Aires: que Cristina no tenga una amplia mayoría.

Y el panorama hacia las presidenciales de 2019 es aún más alentador: Si el Kirchnerismo tiene una crisis de candidatos, el Macrismo pisa fuerte: María Eugenia Vidal es hoy la política con mayor imagen positiva y una candidata firme a la renovación de Cambiemos. A ella se suma Elisa Carrió, que arrasó en Capital Federal con el 44% de los votos. Y el mismo presidente, Mauricio Macri, podría ir por la reelección si culmina un buen mandato.

Cambiemos depende de Cambiemos. Si realiza una gestión que no hunda al país, que no altere el orden social, tendrá media reelección en el bolsillo.






Cristina y Unidad Ciudadana


La campaña de Cristina Fernandez de Kirchner fue prácticamente nula desde que anunció su candidatura, en lo que significó la vuelta a la vida política por parte de la ex presidenta. En el marco de "la grieta", y el alto nivel de antikirchnerismo en el país, prefirió hablar vía redes sociales y hacer un sólo acto oficial, en el estadio de Arsenal -que también fue su búnker-. Después se mostró recorriendo industrias en crisis, y dialogando con trabajadores despedidos.

En los medios, Cristina tuvo una crítica feroz y constante. Exceptuando a C5N y Página 12 que apoyaron a la ex presidenta, el resto de los principales canales y diarios publicó y transmitió constantes denuncias de corrupción que la vinculaban a ella o a sus ex funcionarios.

La estrategia de disolver el Frente Para la Victoria y refundarse con Unidad Ciudadana supuso una renovación que apostaba a dejar atrás los "candidatos de siempre" sobre los que pesaba mala imagen: Luis D'Elia (se presentó con un partido propio que sacó apenas 15.000 votos, el 0,17%, y no presentó candidato a Senador), Aníbal Fernández, Daniel Scioli (figuró en la lista como 5to candidato, apenas un nombre para quien fue cara y derrota del FPV en las presidenciales). En su lugar, apostó por  Jorge Taiana como compañero de fórmula para Senadores, y Fernanda Vallejos junto a Roberto Salvarezza como principales candidatos a Diputados. En Capital, Cristina mantuvo al siempre fiel -pero perdedor- Daniel Filmus, junto al ex Aerolíneas, Mariano Recalde que compitieron y le ganaron a Guillermo Moreno, otro candidato con mala imagen.

A nivel país no hizo una buena elección, pocos candidatos conocidos y sin listas en varias provincias, quizás el golpe más duro -aunque esperado- se dio en Santa Cruz, donde luego de 26 años se impuso una lista distinta al Kirchnerismo: Cambiemos aplastó 45 a 29 al Frente para la Victoria, en medio de la crisis económica y social que vive la provincia gobernada por Alicia Kirchner. Sin embargo, aún así pudo triunfar en Catamarca, Chubut, Formosa, Misiones, Río Negro, San Juan, Santa Fe, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán. 10 de 24 provincias -sin contar Buenos Aires- eligieron al kirchnerismo o a un aliado. La mayor victoria, fuera de la provincia, es Santa Fe: gobernada por el oficialismo, Agustín Rossi consiguió la victoria en la interna del Frente Justicialista, que ganó por menos de 10.000 votos a Cambiemos. En Capital Federal, Filmus perdió de forma contundente contra Cambiemos, donde Elisa Carrió era candidata: apenas pudo sacar 16% de los votos contra el 44% de Lilita.

En Buenos Aires la elección siempre es particular. Es la provincia con más electores, el partido con más electores y el centro de la disputa electoral. Quien gane en Buenos Aires, difícilmente pierda la elección. Y, hasta ahora, es "empate técnico", aunque la vencedora en mi opinión es Cristina Fernández de Kirchner: pasó de perder por 5 puntos en los primeros números oficiales de las 21:00 horas, a perder por 0,08% de los votos a las 4:00 de la madrugada, cuando el escrutinio se detuvo en 95,68% con datos faltantes de distritos clave.

A Cristina muchos la dieron por muerta política, sin embargo esta elección demostró que ella y su núcleo duro de votantes (no baja del 30%, un tercio del electorado) son la principal oposición a Cambiemos en todo el país. En lo personal, no la contaría como "muerta política", aunque no se ve un resurgimiento del kirchnerismo para llegar a la presidencia en 2019, sobre todo porque salvo Agustín Rossi, el resto de sus candidatos más fuertes no pudo vencer. La gran pregunta que queda es ¿podrá remontar un par de puntos de cara a Octubre, y conseguir un triunfo algo más contundente? no parece. El 15% del Massismo probablemente no se mueva a Unidad Ciudadana. Y los que quedaron fuera de la carrera legislativa estas PASO no mueven la aguja.

Otra lectura es el declieve de votos de Cristina como candidata: 8.6 millones (45%) en 2007 la catapultaron a la presidencia, que renovó en 2011 con 11.8 millones (54%). Esta vez, aunque en número la disminución fue lógica por presentarse como candidata provincial y no nacional, sacó poco más de 3 millones (34%). No parece suficiente apoyo para una ex presidenta que aplastó en su reelección, que dejó el mandato a plaza llena y que a duras penas pudo superar -si se confirma la tendencia en 15 días- a un Ministro de Educación en la elección. Proyectando a 2019, no es alentador el panorama para el kirchnerismo, flojo de candidatos: no tuvo esta elección un caudillo que mueva la aguja a su favor más que la propia Cristina. Fernanda Vallejos le restó, Taiana no sumó, y el resto parece ser más plomo que boya. Enfrente tendría a Vidal, a Carrió y al propio Macri, tres pesos pesados de Cambiemos.

Un país que no llega al 20%


Desde que cortó el cordón umbilical que lo ataba al kirchnerismo, Sergio Massa supo instalarse como "la alternativa" a Cristina y Macri. El tercero en discordia se alió a Stolbizer, otra que se mostró como tercera opción. Sin embargo, entre ambos apenas sumaron el 15,53% de los votos bonaerenses, suficientes para mantener su tercera fuerza nacional, pero muy lejos de aspirar a ser un partido dominante, y por debajo del 21% que consiguió en las presidenciales 2015 (24%, si se suma lo de Stolbizer).

Para mí no hay dudas: Sergio Massa y Margarita Stolbizer es la fórmula perdedora de las PASO. Massa apenas pudo imponerse en Tigre, su distrito, por 700 votos; y Stolbizer, una figura de peso en el ámbito nacional, tampoco pareció mover la aguja. Sin embargo, pese a la mala elección general, el 15% de votos en la Provincia de Buenos Aires y otro tanto similar en el resto del país convierte a 1País en un atractivo y potencial aliado de cara a 2019. Ya se habla de intentos del oficialismo por acercarse a Massa, y del Peronismo -hoy dividido- para hacerlo líder -la otra opción que se baraja es Juan Manuel Urtubey; su frente ganó por 10 puntos en Salta-.

Solo, Massa no tiene un margen mucho mayor. Pero como posible aliado, seguramente es el que todos se van a disputar de cara a 2019.

Sube la izquierda


El Frente de Izquierda y de los Trabajadores logró 3,62% en la Provincia y 3,76% en Capital para cerrar otra buena elección. Sin embargo, si se juntaran en CABA los distintos grupos de izquierda que se presentaron con diversos frentes el número superaría el 12%. El futuro del FIT es el electorado joven -en su mayoría universitario- que reúne, además de mostrarse en la lucha junto a los trabajadores despedidos en el último tiempo. Nicolás del Caño y Myriam Bregman son los principales referentes de la izquierda, quizás la rama política más fiel a sus convicciones y por eso tan dividida: el PO, el PTS, el PST, el MAS y todas las facciones no logran una alianza porque no ceden en las diferencias.

Verguenza Online


Una vez comenzado el recuento de votos a las 18:00, y más aún con los primeros datos oficiales a las 21:00 la sorpresa se apoderó de todos: Cambiemos lograba 5 puntos de diferencia en Buenos Aires, y ganaba en la mayoría de las provincias del país. El búnker del oficialismo salió a festejar el amplio triunfo, que decretaba la muerte política de Cristina Ferández de Kirchner.

Sin embargo, a medida que avanzaba el recuento, la diferencia se reducía de 6 puntos a 4, 3... y mientras Cristina se acercaba, los datos comenzaban a escasear. Lo que comenzó a buen ritmo, con el 50% del escrutinio cargado en la página oficial: resultados.gob.ar continuó de forma más lenta hasta avanzar a cuentagotas: a las 2:00 AM faltaba el 7% del conteo y Cristina había acortado la diferencia a 0,6%. A las 4 de la mañana el escrutinio quedó en 95,68% en la provincia de Buenos Aires, donde aún falta un amplio porcentaje de votos de distritos clave -La Matanza, por ejemplo-, y Unidad Ciudadana quedó a 0,08% de votos de Cambiemos. "Fue un empate técnico" declaró Adrián Pérez, de la Cámara Nacional Electoral, y dijo que se resolverá en 10 días, cuando estén los escrutinios definitivos.

Desde el búnker de Cristina se declararon ganadores y salieron a festejar ya entrada la madrugada, con fuertes críticas al manejo de la carga. Dicen, que hubo una manipulación de los datos para que los diarios del lunes tengan en tapa el festejo del amplio triunfo de Cambiemos, como era hasta la medianoche.

Manipulación o no, lo cierto es que la carga de datos volvió a fallar y a retrasarse, obligando a los periodistas a trabajar más horas, manteniendo en vilo el resultado hasta último momento, confundiendo a quienes se fueron a dormir con un resultado y amanecieron con otro, y volviendo más tedioso todo el asunto. Ya había sucedido algo similar en 2015 y en 2011, sin embargo es la primera vez que sucede con Cambiemos como gobierno. De hecho, el propio Esteban Bullrich había criticado vía Twitter el retraso en los datos oficiales "4 horas, 9 minutos. En Angola ya estarían el 25% de las mesas. Angola eh, la de la vaca que no da leche..." publicó el 9 de Agosto de 2015 a las 22:09 en su cuenta oficial. 

Una verguenza online que esperemos no se repita en las elecciones legislativas de octubre próximo.


10 agosto 2017

ETERNA URGENCIA

La guardia de un hospital nunca duerme; todos los días, las 24 horas, recibe pacientes con distintos cuadros. Los médicos hacen lo que pueden para atender entre la urgencia, la falta de insumos y la precarización laboral.




La madrugada de domingo recién empezaba en La Plata. El hospital San Martín, que durante la tarde fue bullicio, estaba calmado. La entrada por avenida 1 era lo único iluminado; sobre ella, una empleada limpiaba el piso con un lampazo chorreante. En la doble hoja de vidrio había pegado un cartel “guardia, entrada por calle 1”. Mas allá, un seguridad estaba recostado sobre un escritorio de madera en medio del pasillo, mientras contemplaba los dibujos que forman las grietas de los azulejos de la pared, y se incorporó cuando un grupo de chicos se le acerca.

―Disculpe, ¿la guardia?
―Por este pasillo, al fondo
Los amigos dieron dos pasos y el guardia los detuvo.
―¿Por qué tema es?
―Un amigo... ―indica uno, con la cabeza gacha y cara de lástima.
―Está bien, pasen.

El grupo atravesó un largo pasillo, que más bien parecía un túnel con olor a desinfectante. Es el que conecta la parte vieja del hospital con el ala nueva. El cambio se diferencia por las baldosas y por la arquitectura: la construcción original es cerrada, con techo bajo; azulejos blancos cubren las paredes, también blancas y con manchas de humedad. Las puertas son de un metal oxidado y los cables cuelgan del cielorraso, a la vista. La ampliación es un edificio apartado y grande, con un ventanal que da a un pequeño patio interno, y un corredor ancho con bancos de metal. Las paredes blancas tienen detalles en naranja y hay gruesas columnas grises. La guardia está sobre la izquierda, es un mostrador con una puerta al lado. Sobre el mostrador, vacío y solitario a la madrugada, hay varios carteles de papel con indicaciones de obras sociales y planillas con nombres y números. Detrás, hay varios consultorios separados por finos tabiques de yeso. Dos médicos se turnaban para recorrerlos y atender a los pacientes.

Los amigos se sentaron en uno de los bancos contra el ventanal del patio, al lado de una familia compuesta por una mujer de unos cuarenta años, morena y el pelo teñido de rubio, que tenía los ojos aguados. La abrazaba y le acariciaba el pelo una señora mayor. También había otra mujer de su misma edad, dos niños de unos doce años y otro par de muchachos más grandes. Era el grupo más numeroso en toda la guardia.

Por el mismo pasillo que los amigos entró un policía gordo y pelado que caminaba a los tumbos con la cabeza gacha. Tenía el uniforme con chaleco antibalas, un handy en la mano derecha y estaba armado. Se dirigió a la familia que esperaba en la sala común y le habló a la mujer rubia con una voz pesada.

―Te pido por favor que retires a todos los que no sean familiares directos.
La mujer miró al policía con esa mirada que hace una madre cuando reta a su hijo.
―Todos ―remarcó― son familiares directos.
El policía estiró su cara.
―Bueno, necesito que haya la menor cantidad de gente posible, por favor ―balbuceó.
Entonces la señora alzó la vista y la paseó por el resto de la sala; después empezó a señalar.
―Ellos son mis hijos, la hermana, la madre ―explicó cada parentezco― A partir del chico, que no sé por qué está, no conozco a nadie.
El policía miró al resto de los que estaban en la sala. Los amigos, que observaban la escena, se levantaron y fueron hacia otro sector. El agente les agradeció y se dirigió a la madre.
―Está bien señora, lo único que le pido es que mantenga todo tranquilo ―y se marchó.

La presencia policial fue solicitada por los médicos. En urgencias, atienden casos derivados de peleas, robos y accidentes, y en ocasiones la situación se pone complicada. Además de luchar contra la muerte, deben pelear contra la desesperación de los familiares y en ocasiones con terceros.


Viviana es una de las residentes. Es baja y flaca, tiene 30 años y una mirada de haberlo visto todo. Las ojeras son parte de su aspecto, y el pelo oscuro nunca está prolijo.
―Me ha tocado atender heridos de bala o apuñalados ―contó, cigarrillo en mano―. A veces, detrás del herido viene el agresor buscando rematarlo. Para eso está la policía.
Los médicos de hospital público tienen la obligación de atender sin juzgar ni discriminar. Toda vida vale lo mismo.
―Las familias a veces no entienden, ese es otro problema. Yo entiendo la desesperación, pero es peor porque complican más las cosas.
Hace poco, una señora entró a los gritos, con su hijo en brazos, que no podía respirar bien. Cuando le pidieron que espere para ser atendida enloqueció, y descargó su furia con una de las médicas de guardia. Agarró lo que encontró a mano y le pegó en la nariz. La médica terminó con el tabique quebrado.
―Nosotros no tenemos la culpa. No es que no queremos atender, es que no damos abasto. Pero si vemos a alguien luchando por su vida, le damos prioridad.


Un médico de guardia -o médica- es joven, no mayor de 35 años. Viste bata o ambo, del cuello le cuelga un estetoscopio, tiene ojeras y es consumidor de café o mate; la mayoría también es aficionado al tabaco. Puede trabajar hasta doce horas de corrido, con pequeños recreos sin siesta. Está mal pago y en negro, o precarizado. Circula por los pasillos del hospital más que por su casa, y es fanático de recetar paracetamol y reposo, o estudios para los casos más leves.
―La mayoría nos recibimos hace poco o estamos en los últimos años de la carrera. Acá nos curtimos ―sonríe Viviana, que es residente hace un año y medio.

Por el Hospital San Martín pasaron grandes médicos. El más importante fue el Doctor René Favaloro, que desarrolló el bypass coronario. Favaloro comenzó a hacer su residencia en el tercer año de la facultad, y llegó a ser médico auxiliar en la planta del Policlínico. La comunidad médica lo recuerda con orgullo, y un mural con forma de corazón está en una de las paredes exteriores del Hospital, a modo de homenaje.


El gremio de los médicos bonaerenses es el CICOP. Las carteleras del hospital están colmadas de folletos y panfletos que informan sobre alguna medida, reclaman algún insumo o concientizan sobre una enfermedad. Los reclamos se extienden en afiches pegados en las paredes, con reclamos de mejoras salariales y de condiciones laborales. “Pedimos que decreten la emergencia sanitaria” dice un afiche rojo con letras blancas. “Falta personal, no hay medicamentos, no hay quirófanos, el hospital se cae a pedazos” continúa más abajo. También reclama por trabajadores despedidos, y por el pase a planta de médicos precarizados. En una pared, hay una hoja con una silueta y nombre por cada empleado despedido.

Los reclamos se extienden a las calles, con protestas frente a la Municipalidad y la Casa de Gobierno. Las últimas marchas fueron por la reincorporación de becarios despedidos, pero antes habían reclamado por un ascensor caído, y por seguridad, después de una agresión al jefe de guardia. Desde el Gobierno Provincial anunciaron inversión, pero en el San Martín tendrán que esperar, porque hay otros en peores condiciones. De los 77 hospitales públicos en Buenos Aires, 53 necesitan mejoras edilicias e insumos.

―Nos falta todo. A veces faltan gasas, que es algo básico. A veces ponemos de nuestro bolsillo para comprar guantes de látex ―. Viviana es una de las residentes que está en negro. ―Tenemos que trabajar igual por la gente, pero nos pagan poco y mal. Hemos hecho paro con guardia mínima. Hay gente que lo entiende y otros que no, que quieren ser atendidos rápido.
Pese a la falta de insumos, los médicos se las arreglan para remediar los síntomas de los pacientes.
―Me ha tocado de ir a comprar remedios, o insumos. A los que tienen cuadros leves les pedimos colaboración, pero no podés no atender una hemorragia. ¿Cómo le digo que no tengo gasas?

Una mujer y un hombre sonaron el timbre de la guardia. Cinco minutos más tarde apareció un médico, les pidió algunos datos como el nombre, la edad, algún teléfono y la obra social ―Si no tienen obra social, la atención es la misma y es gratuita―. Anotó todo en una planilla y desapareció; la pareja se sentó en uno de los bancos duros, fríos y grises, donde se sufren las dolencias que no son urgentes. Para ellos, la espera es también un padecimiento. No hay televisor, ni radio, ni algún aparato que distraiga o entretenga. El entretenimiento dura lo mismo que la batería del celular.

Los medicos que montan guardia atienden por prioridad con un criterio semáforo: Rojo para las cuestiones de vida o muerte, que se atienden de inmediato; amarillo para lesiones graves o cuadros agudos, que pueden demorar una o dos horas y verde para las enfermedades comunes que no presentan riesgo, y en las que el paciente puede esperar hasta cinco horas.

La sala de espera es el mismo corredor. A la madrugada estaba semivacío, pero aún así había gente aguardando largo rato.
Los que esperan lo hacen en silencio, o hablan en voz baja. Se dispersan en parejas o en grupos por toda la sala. Buscan complicidad con la mirada, saber que no son los únicos que sufren la demora. Miran la hora, suspiran y cambian de posición. Algunos cierran los ojos e intentan dormir un rato. Nadie llega solo, todos entran en compañía de su pareja, su padre, su madre, un amigo. Cada tanto alguien se levanta y se va sin ser atendido.

Un grupo de perros callejeros entró corriendo y jugando. Se acercaban a los pacientes en busca de comida, los rodeaban y mendigaban al menos una caricia. Fracasaron en conseguir comida y se echaron a dormir cerca de un calefactor, hasta que un médico, que asomó por la puerta al costado del mostrador, los sacó.

El doctor llamó a un paciente, que ingresó por la puerta al costado del mostrador y pasó a uno de los cubículos-consultorio, donde hay una camilla, una luz y los insumos básicos para atender a cualquier paciente. El médico no llegó enseguida, sino que tuvo que esperarlo otro rato. Cuando lo atendió, preguntó por los síntomas.
―El pecho, siento una presión.
―Sacate el buzo, la remera y sentate.
Un estetoscopio frío se apoyó sobre la espalda, un rato en cada zona. Después, el médico salió de la sala y volvió con una caja, puso un brazalete que comienza a inflarse para tomar la presión.
―El corazón late normal y la presión es normal. Por las dudas mañana hacete un estudio completo.


La revisación es tan básica como el consultorio, ya sea por la falta de herramientas, por la demanda o por el motivo que fuere. Si el problema es muy grave, el paciente queda internado y lo llevan a terapia intensiva; si es grave y hay cama, queda internado en observación; si es algo menor como una fiebre, hacen una receta, un certificado médico y aconsejan un estudio más preciso.

Muchos han denunciado diagnósticos errados. Uno cuenta que fue a la guardia por un tobillo hinchado, le diagnosticaron una torcedura, recetaron un desinflamatorio y reposo y le dieron el alta. Después, un estudio en otro hospital reveló una fractura. 
―Y eso que el San Martín es uno de los mejores hospitales ―reconoce el paciente.
Por el mismo pasillo que horas atrás entró y se fue el policía, ingresó un adolescente con un pie rígido y apoyado sobre su padre.
―Creemos que es fractura, pero no sabemos ―le indica el padre al médico de guardia―. Fuimos al Hospital Gutierrez pero nos derivaron acá porque no tenían para hacer placas.
Le tomaron los datos y lo mandaron a esperar, como al resto. A la media hora lo hicieron pasar y una hora más tarde salió con una bota de yeso.
El Hospital San Martín es un Policlínico, el más completo de la región. Cuando hay un accidente grave, alguna lesión severa o síntoma extraño, derivan allí al paciente porque pueden realizar estudios más completos.

El Policlínico es el nosocomio más viejo de la ciudad. Fue fundado en 1884, como “Casa de Sanidad”. El edificio original está a un costado del hospital actual, que se innauguró en 1952, cuando tomó el nombre de “Instituto General San Martín”. Sufrió ampliaciones y modificaciones, la última en 2012, cuando se abrió el primer hospital universitario de la UNLP, en la extensión donde ahora funciona la guardia.


Afuera, sobre la vereda que da a calle 1, hay un kiosko que está abierto toda la noche. Tiene una lona y ofrece panchos, que se pueden comer sentados en unas mesas de plástico sobre la vereda. Allí había un grupo de chicos conversando. Vestían camperones y zapatillas deportivas, algunos tenían visera. Usaban aros, y tenían dos motos parecidas a una Scooter. Eran los amigos del accidentado, la familia que esperaba en la guardia. La policía los había sacado.

El producto más vendido del kiosco son los cigarrillos. Dentro del hospital está prohibido fumar, y echan al que intente prender uno. La vereda es una colección de colillas pisadas.

Por el corredor a la izquierda de la guardia hay otra puerta, que da a un callejón interno. Es otro patio donde médicos y familiares calman su ansiedad con tabaco. Hacia allí arrastró los pies la mujer que discutió con el policía. Iba abrazada por la abuela, seria y entera. Los nenes la rodeaban, pero ella de un grito les ordenó que esperen lejos. A los diez minutos volvió secándose los ojos, con la misma seriedad y entereza con la que había salido.

Al rato, un médico salió y llamó a la mujer aparte. La conversación duró unos minutos y terminó con un abrazo. La señora volvió hacia el grupo y transmitió el mensaje, ante la atenta mirada del resto. Al final, sonrieron. A su ser querido lo sacaban de terapia intensiva y lo pasaban a una sala común. Los chicos y la abuela se fueron, detrás de ellos salieron también los amigos, que habían aguantado al pie del cañon en la sala de espera de la guardia..

Cerca del amanecer, la guardia tiene más movimiento. Una chica entra tambaleándose, apoyada en dos amigas. No tienen más de 25 años, y están vestidas con un cuero ajustado y zapatos con plataforma. Las dos que cargaban a la borracha la derrumban sobre un banco y piden atención con una voz chillona. Los gritos alertan a uno de los residentes, que hace pasar a la chica y la acuesta en una camilla, boca abajo. Las amigas se acomodan en la sala de espera, cuchichean y se ríen.

Los fines de semana los casos de intoxicación etílica son moneda corriente. Viviana perdió la cuenta de cuántos alcoholizados le tocó atender.
―Las que más vienen son mujeres, aunque hombres también hay. Es grave sólo si están en coma alcohólico.
Según estadísticas del Sedronar, que datan de 2011, sólo hubo 9 casos de muerte por sobredosis de alcohol en un año. La mayoría de las consultas por intoxicación etílica resultó en alta médica.
―El peligro del alcohol son los accidentes de tránsito, o las peleas. Eso mata más que una borrachera. Hoy por suerte, no tuvimos ninguno.


Los datos anuales respaldan a la médica. En 2015, de los 7.000 muertos en accidentes de tránsito, la mitad fue a causa de conductores con mayor grado de alcohol en sangre del 0,5 permitido. Y el Sedronar estima que el 79% de las muertes por homicidio relacionadas al consumo de drogas, están asociadas al consumo de alcohol.
―A los que llegan borrachos los acostamos boca abajo en una camilla y les ponemos un suero. Según el estado en que estén los dejamos en observación o le damos el alta. La mayoría después de unas horas se recupera.

A la chica se le sumó un vagabundo de ropas raídas y sucias, y pelo desprolijo. Lo trajo la policía, y entró balbuceando. También lo acostaron boca abajo con un suero, y se durmió en la camilla. Una hora después, la adolescente salió de la guardia y se fue caminando junto a sus amigas. Todavía se tambaleaba un poco. El vagabundo tardó otra media hora en recuperarse, y se fue cuando salía el sol.

Después del amanecer empieza el movimiento dentro del hospital. Hay ruidos de puertas, bullicio y máquinas. Los pasillos se llenan de médicos de distintas especialidades, a la guardia se suman un par de residentes y empieza a colmarse de pacientes. Afuera, calle 1 se vuelve transitada y los comercios del barrio abren sus puertas. Los médicos que atendieron durante la noche salen vestidos de civil. Terminó su turno de guardia, es hora de un merecido descanso.
―Duermo cuando puedo ―es imposible no creerle a las ojeras de Viviana―. Pero esto no termina; la guardia nunca está vacía.

08 agosto 2017

SANTOS TRABAJADORES

A modo de reactivación del Blog, y con motivo de la próxima fecha santa, una crónica sobre la celebración del día de San Cayetano el año pasado en Liniers, donde más fieles se congregan en todo el país.

(Foto Agencia DyN)
           (Foto Agencia DyN)

El lejano Oeste en Capital Federal es Liniers. Un barrio de casas bajas y abundantes comercios de todos los rubros, sede del mercado central que es el corazón del barrio, muy concurrido por el precio de los productos. La Parroquia de San Cayetano está cerca de la estación de tren, casi en la rotonda que divide las autopistas General Paz y Perito Moreno. Allí es donde cada Agosto se celebra oficialmente el día de San Cayetano.

Es un edificio antiguo de estilo romano, con un pequeño patio delantero tras la reja del frente. Allí hay una estatua de San Cayetano. En el centro se yergue un campanario que termina en punta con una cruz. El edificio se extiende sobre ambos costados que llegan hasta la vereda. Las iglesias católicas por dentro son todas muy parecidas: un enorme salón con filas de bancos de madera bien lustrados y un pasillo en el medio; un altar de mármol al fondo, con un atril de madera bajo una figura de Cristo crucificado; el techo muy alto y el lugar bien iluminado por enormes ventanales con mosaicos de colores, cada uno en alusión a un hecho histórico religioso.

Esta en particular tiene un recorrido sobre uno de los costados, que lleva hasta la estatua del patrono
del trabajo empotrada a la pared y protegida por un cristal. Alrededor de la iglesia se montó todo un operativo. Se colocó un vallado en la calle Cuzco, se armó un escenario en la entrada a la parroquia donde se llevarán a cabo las misas y bendiciones, y se establecieron varios puestos improvisados con tablones, caballetes, mantas y toldos. Allí se venden toda clase de santerías. También hay puestos de kiosko y comidas, y humeantes parrillas al paso. Los negocios del barrio también están abiertos.

La misa oficial es el domingo a las once de la mañana, pero las puertas de la iglesia para visitar al Santo se abren la medianoche anterior. El clima no espanta a los fieles, que pese al frío acampan y hacen dos filas en la entrada desde el viernes. Una para entrar a la iglesia y rezar, la otra para ver a San Cayetano y tocar su imagen. A la cabeza de la fila para ver al santo siempre está Delia, una jubilada de 74 años, que cada aniversario espera ansiosa la medianoche para ingresar de rodillas al santuario y recibir la bendición del santo. Esta vez, ayudada con un andador por su delicada salud.


Aunque la celebración oficial es en Agosto, la Parroquia de San Cayetano está abierta todo el año, y realiza fiestas mensuales los 7 de cada mes para los fieles que quieran ir a participar, pedir o agradecer. Son jornadas similares a la fiesta grande, pero con menor concurrencia.



La multitud se extiende por el empedrado de la calle Bynon, continúa por la avenida Alvarez Jonte y va más allá del estadio del club Vélez Sarsfield. En total son más de diez cuadras de fieles, todos abrigados con camperas y bufandas o gorros. Muchos de ellos sostienen estampitas o estatuillas de San Cayetano. También abundan las tradicionales espigas bendecidas, y por supuesto las velas. Para amenizar la espera, muchos juegan a las cartas, conversan en grupos, rezan o entonan cánticos religiosos. Muchos están equipados con reposeras, viandas, mochilas y equipos de mate.

Pocos fieles llegan en auto y nadie lo hace en un BMW. Tampoco es conveniente por el poco lugar para estacionar. La mayoría usa las distintas alternativas de transporte público, o bien se organizan en grandes grupos y alquilan viejos micros escolares, los de color naranja. Liniers no es el único lugar donde se celebra, de hecho se conmemora en todas las ciudades, pero es la tradición y donde más gente se congrega; por eso los creyentes se movilizan desde varios puntos, algunos más de 500 kilómetros.

Paz, Pan y Trabajo


Los católicos creen en varios santos y a cada uno le atribuyen un don. San Cayetano es el patrono de los trabajadores; él es el que oirá los pedidos de los desocupados e intercederá ante Dios para que puedan conseguir trabajo. Paz, Pan y Trabajo, ese es el pedido que hay que hacerle.

Una mujer petisa y gorda, de unos cuarenta años reza un rosario en la fila para entrar a la iglesia. Se llama Marta, es empleada doméstica, y llegó desde Magdalena.
—Vengo a agradecer por mí, y a pedir por mi hermano —sonríe— Conseguí trabajo gracias a San Cayetano el año pasado, y gracias a Dios hoy no me sobra pero tampoco me falta.
El hermano se llama Mario. tiene la misma cara morocha y redonda, con una nariz ancha y
labios gruesos, pero es más alto y flaco.
—Trabajaba en la municipalidad como barrendero, pero se me terminó el contrato —agacha la cabeza— No vengo a pedir que me regalen nada, no pido plata, pido un trabajo para ganarme el pan con dignidad —asiente orgulloso.
El trabajo dignifica. Eso creen los fieles que le piden o le agradecen a San Cayetano. No piden ser gerentes de un banco, o dueños de una empresa, tampoco un cero kilómetro. Vienen hasta Liniers en busca de un empleo digno.
—San Cayetano siempre cumple. Yo vengo desde el '97 que me quedé sin trabajo, desde ahí siempre conseguí una changa y no me falta la comida —continúa Mario— A veces se está mejor, a veces peor, pero siempre sale algo. Y todos los años renuevo los votos.

Como el día no es feriado, muchos fieles faltan al trabajo para agradecerle al patrono. Este año tocó un domingo, lo que aumentó la asistencia de los agradecidos.
—Es un poco una contradicción faltar al trabajo para agradecer que lo tenés —reflexiona Marta— Mis patrones por suerte siempre me dan el día, pero esta vez no hizo falta pedirlo. Muchos también se sumaron por eso, sino van al trabajo.
El número de peticiones también creció. La ola de despidos luego de la trancisión de gobierno en Diciembre de 2015 dejó a muchos desempleados que todavía no han podido conseguir un puesto laboral.

Patrono del merchandising


Los comerciantes también llegan desde varios puntos de Capital Federal y el Conurbano y establecen sus puestos a lo largo de toda la fila. Le ofrecen a los creyentes todos los productos posibles. Los más solicitados son las espigas y las estampitas con las imágenes de San Cayetano, el Papa Francisco y la Virgen María; pero también hay colgantes, llaveros, calcomanías, estatuillas, velas. Son puestos improvisados, tablones con caballetes y un mantel sobre el cual se posan los artículos.

Así como hay puestos de santería, también los hay de ropa. Por la estación del año, bufandas, gorros, ponchos y toda clase de abrigos. También se venden comidas calientes y frías, puestos de café y facturas. El barrio se llena de olor a asado con las parrillas que humean mientras se cocinan los choripanes y la carne para hacer sándwiches.
—¡Mirá si no va a ser cierto que San Cayetano da trabajo! —Alberto, parrillero, sonríe mientras corta un pan— Con lo que vendo hoy hago una diferencia —Se detiene a pensar— Calculá que vendo más o menos unos cien, ciento veinte choripanes hoy. A treinta pesos cada uno, sacá la cuenta.

Como él piensa cada uno de los vendedores, que aprovecha la ocasión para hacer unos pesos. Muchos incluso no son fieles.
—Acá hay de todo. Yo soy creyente, pero hay muchos que no y vienen a vender. Saben que venden —Le entrega un choripán a un cliente y continúa— Y está bien, si la gente compra está bien.
Juana tiene un puesto de santerías muy completo. Está instalada sobre la vereda, con un toldo de feria Le sonríe a la gente cada vez que le entrega un ramo de trigo a cambio de diez pesos. Con algunos, se queda conversando un rato.
—Me compran porque me conocen. Imaginate que estoy hace diez años.
Las ventas varían año a año, según la concurrencia, el entusiasmo y la billetera de la gente. En los años '90 Liniers recibía a casi setenta mil personas. Ese número fue bajando hasta llegar a veinte mil, el promedio de los últimos años.
—Este año hay más gente que el año pasado —asegura Juana— Pero yo vendí más o menos lo mismo.

San Cayetano siempre cumple con los vendedores. En un día recaudan lo mismo que en una semana normal como ambulantes. Algunos incluso compran artículos al por mayor para revender sólo este día. Los comercios del barrio no se lo pierden por nada en el mundo.

La celebración


A las cero horas del domingo revientan en el cielo los fuegos artificiales y repican las campanas que anuncian el comienzo de la celebración y la apertura de las puertas del santuario. Delia es la primera en entrar, mientras los curas bendicen a los fieles que están en la calle.

El ingreso y recorrido hasta el santuario de San Cayetano es constante. Entran con flores, velas, estampitas y rosarios. Después, van al salón principal o salen por el otro extremo y se quedan en la calle, a la espera de la misa.

Unos voluntarios se encargan de mantener el orden. Son vecinos, fieles y sacerdotes, vestidos con pecheras amarillas. Alcanzan agua potable, ordenan las filas y controlan que no haya desmanes, aunque esto último es innecesario.

Mario Poli es el Cardenal encargado de oficiar la misa. Es un viejo sacerdote, flaco y canoso, de cara alargada y nariz puntiaguda. A las once de la mañana, vestido con una sotana blanca, un fajín rojo y una tiara con una cruz, se acercó hasta el escenario montado en la vereda y comenzó la prédica. Este año, Poli leyó un mensaje enviado por el máximo representante católico, el Papa Francisco. Luego brindó él unas palabras a los fieles que lo escuchaban atentamente y terminó con una oración y un cerrado aplauso por parte de los devotos. Finalmente se acercó hasta el vallado donde hacían fila y los bendijo con agua bendita.

San Cayetano de los militantes


Este año llegaron hasta Liniers varios grupos con pecheras y banderas. Organizaciones barriales o agrupaciones políticas que fueron a pedir trabajo y luego movilizaron en protesta contrael gobierno de Mauricio Macri. En columnas, marcharon hasta Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno. En total, recorrieron más de 14 kilómetros a pie, de una punta a la otra de Capital Federal.

En Plaza de Mayo los esperó un escenario donde hablaron dirigentes políticos, bajo la misma consigna que los fieles. Pan, paz, tierra, trabajo. La diferencia es que ellos no le piden sólo a un santo, también le piden a Macri.
—Me quedé sin trabajo cuando asumió Macri. Y encima aumentó todo, así no llego a fin de mes —protesta Mario, un desocupado de 42 años que hasta el año pasado fue obrero textil.

La multitud se reunió aparte de los fieles. A las 7 de la mañana ya había un grupo importante. Se sumó gente hasta último momento y a las 9:30 comenzaron la marcha, encabezada por una bandera argentina del ancho de la calle que rezaba “Tierra, Techo y Trabajo”.

Los distintos gremios se distinguían por las pecheras. Celestes las de Barrios en Pie, azules del Movimiento Evita, también mucho rojo. Una multitud de colores a la que se le sumaron las banderas y pancartas, también numerosas. Había también algún bombo y trompeta. La muchedumbre tenía pinta de murga.


Saúl Ubaldini convocó a los trabajadores a marchar durante la Dictadura Militar en 1981 con la consigna “Paz, pan y trabajo”. Se convocaron más de 10.000 personas y culminó con un acto frente a la parroquia de Liniers en lo que fue la primer manifestación contra el Gobierno de Facto. Este año se retomó esa consigna y se sumó “Tierra, techo y trabajo” a la marcha que convocaron Barrios en Pie, CTEP y la CCC.



A medida que avanzaban se sumaba gente. A la altura de Cabildo se sumó un cura, el único que marchó hasta Plaza de Mayo, el resto esquivó la invitación, “para no quedar pegados” según comentaban los militantes.
—La Iglesia nunca se metió en marchas y protestas —explica Pablo, un militante de la CCC— Tampoco ahora que el Papa es Argentino y manda mensajes como el que mandó para este día, con un claro mensaje antimacrista. Si hay algún cura es porque él quiere, no la Iglesia.

En Liniers, no todos estuvieron de acuerdo con la movilización. La Iglesia Católica no adhirió, y muchos fieles fueron críticos con los gremios.
—Mezclan todo —comentó indignada una creyente— San Cayetano no es para hacer política, es para rezar y pedir trabajo o agradecer. Para algunos es más fácil pedir un plan ¿no? —el grupo de mujeres que la rodea, todas mayores, asiente y se suma a la indignación.

El fin de la jornada


Una vez finalizada la misa central, se realizaron otras dentro de la capilla. una por hora, con distintos sacerdotes. Hasta que no se fue el último creyente, las puertas permanecieron abiertas. Con el correr del día la fila se achicó y los puestos se levantaron. La calle Byron fue tomada nuevamente por los vehículos, con los restos de la larga jornada. Papeles, vasos, velas, estampitas y trigos desparramados por el suelo, a la espera de ser juntados por una cuadrilla de barrenderos.

La última misa de San Cayetano se brindó a las once de la noche, y asistieron unos pocos y
pacientes fieles. La estación de Liniers estuvo colmada todo el día. La línea de tren Sarmiento fue uno de los principales transportes de los asistentes, que también colmaron las líneas de colectivo y largas caravanas de micros privados. Para la madrugada quedó vacía nuevamente.

El santuario está abierto todo el año, disponible para los fieles que quieran orar. Pero, como navidad es la ocasión ideal para reunirse con la familia, el 7 de Agosto es el día perfecto para pedir trabajo, o agradecer si se tiene uno. Y si no se consigue, el año próximo la fe y el pedido se renuevan.

05 agosto 2017

LA FOTO

   El viejo subió al altillo con una caja, la acomodó y levantó una foto del piso. —¡Cartucho! —exclamó, y se desplomó, muerto.